Cómo se tasa una vivienda

La tasación de la vivienda es uno de los procedimientos inevitables en la compraventa de viviendas. No en todos los casos, evidentemente, es obligatoria, pero sí muy conveniente. Y lo es porque la persona que vende puede poner un precio de venta razonable y de acuerdo tanto a las características del inmueble como a la situación del mercado. Para quien compra es una garantía de que paga un precio justo por la vivienda.

Ahora bien, la tasación debe ser realizada por una persona independiente y autorizada para ello. Se trata de arquitectos o arquitectos técnicos que, en primer lugar, deben hacer una medición del inmueble para comprobar que el resultado se corresponde con lo que aparece en la escritura.

Pero hay otra serie de factores importantes que también influyen en la tasación:

  • Mantenimiento: el estado del inmueble, el hecho de que cuente o no con reformas o mejoras que hayan revalorizado su valor es un aspecto fundamental.
  • Eficiencia energética: trámite obligatorio antes de vender un inmueble, cuanto más positiva sea su valoración (A representa la máxima eficiencia y G la mínima) más valor tendrá el inmueble.
  • Características de la vivienda: aborda aspectos como la distribución razonable, el número de habitaciones y baños, la calidad de los materiales constructivos, la zona en la que se encuentra y sus infraestructuras o servicios (si hay colegios, centros deportivos, etc) o aspectos añadidos como puede ser que se encuentre en una urbanización con zonas comunes o piscina.
  • El mercado inmobiliario: evidentemente, la propia situación del mercado en cada momento determinará en buena medida el valor de la vivienda, que puede variar de manera considerable de un año a otro.

Lo más importante, para que la tasación tenga realmente el valor que se busca y cumpla con su finalidad es, como señalábamos, que la realice un profesional acreditado para ello. Hay aspectos, por ejemplo cuando se trata de tasaciones hipotecarias que están reguladas por el Banco de España.

Seguros para aparatos electrónicos

Hoy en día, nuestra vida cotidiana está rodeada de pequeños pero indispensables aparatos electrónicos. Quién no tiene un móvil, una Tablet y un ordenador, aparatos que se utilizan continuamente y que están expuestos a golpes o roturas accidentales, sin contar los robos en el caso de los Smartphones.

Algunas pólizas de hogar incluyen aspectos como el robo de los teléfonos móviles, sin embargo, dado el valor de estos aparatos electrónicos, no es descabellado plantearse la posibilidad de asegurarlos de manera independiente, al menos móviles y tabletas, que son los que más riesgo de sinestros soportan. De hecho, es una de las últimas incorporaciones a la cartera de muchas compañías aseguradoras y, por supuesto, de las propias compañías de telefonía.

¿Merece la pena? Hay que tener en cuenta que el precio de estos seguros no es demasiado elevado y que estos dispositivos son cada vez más sofisticados, por lo que una rotura o un robo pueden suponer un desembolso económico más que considerable.

En el caso de los teléfonos móviles, este tipo de seguros suelen cubrir el robo, pero no el hurto (no media violencia). También cubren roturas de pantalla o reparaciones por filtración de agua. Y, en el caso de que hay un uso fraudulento, es decir, que el teléfono se use para realizar llamadas, se contempla una indemnización. Cuestiones (salvo la última) que también se aplican en el caso de tabletas u ordenadores.

Y, aunque el precio de este tipo de seguros no sea demasiado elevado, los hay que contemplan la posibilidad de incluir algún tipo de franquicia. Pero también es cierto que, aunque estos seguros resulten atractivos, tal vez sean más aconsejables en el caso de que los dispositivos tengan un valor apreciable y en el primer año de vida o, como mucho el segundo, ya que pierden valor rápidamente.

En cualquier caso, lo mejor es echar cuentas, buscar ofertas y tener muy claro si tratamos los dispositivos como se merece o somos un poco descuidados.

¿Seguro de coche con franquicia o sin franquicia?

El seguro del coche es siempre uno de los aspectos que más se analizan cuando se tiene un vehículo en propiedad. No suelen ser baratos, por eso se busca la manera de reducir en lo posible se precio y es ahí donde se plantea una gran duda: ¿Con franquicia o sin ella?

Elegir un seguro con franquicia supone que la prima de la póliza será más asequible, tanto más cuanto mayor sea la cuantía de la franquicia. Al fin y al cabo, contratar este tipo de seguro supone también que el propietario del vehículo asume una parte de la reparación en caso de siniestro.

Ahora bien, hay que tener en cuenta que la franquicia no se paga una vez, sino que se debe abonar por cada parte que se dé. Es decir, si en un año se dan dos partes habrá que abonar dos veces la franquicia. Cuando esto ocurre, evidentemente, el seguro acaba saliendo más caro.

Entonces ¿merece la pena decantarse por la franquicia? Todo depende. Si se trata de un conductor con un mal expediente en lo que a siniestros se refiere, evidentemente, no. Tampoco si se trata de un vehículo que pasar por muchas manos o que hace miles de kilómetros al año. Las posibilidades de sufrir un accidente se incrementan con el uso.

Ahora bien, también hay que comparar lo que ofrecen las compañías aseguradoras. En algunas la franquicia solo se aplica sobre la cobertura de daños propios, algunas otras lo que hacen es no aplicarla cuando se declaren solo daños de lunas o intento de robo del vehículo. Y, por otra parte, hay compañías que permiten aplicar la franquicia a coberturas específicas.

En definitiva, un seguro con franquicia puede resultar muy rentable, o todo lo contrario. Como siempre, conviene analizar al detalle todos los aspectos, todas las compañías y todos los aspectos para elegir el seguro al que realmente vamos a sacar partido.

Una iniciativa interesante de la Biblioteca Nacional

A pesar de ser un templo de la sabiduría de todas las épocas, era necesario adaptarse a los nuevos tiempos, y la Biblioteca Nacional no ha dudado en predicar con el ejemplo. ¿Cómo? Desde el 1 de septiembre permite hacer fotografías con el móvil o la tableta de algunos de sus fondos. Un servicio de autocopia rápido, al alcance de todos y muy eficaz, pero, evidentemente, con ciertos límites.

La institución pretende así facilitar el trabajo de los estudiosos que acuden a sus instalaciones con regularidad, o de aquellos que necesitan hacer puntualmente alguna consulta.

Pero, como señalábamos, hay limitaciones. Solo se pueden realizar fotografías de los fondos en algunas salas de lectura, en concreto son el Salón General, la Sala de Prensa y Revistas, la Sala Cervantes, la Sala Goya y la Sala Barbieri. Además, las fotos solo se pueden realizar en unas áreas específicas de las salas, que han sido especialmente acondicionadas para ello con cojines para depositar los libros y pesos para evitar el movimiento de las hojas. Y todo bajo la supervisión y previa autorización del personal de la Biblioteca.

¿Qué se puede fotografiar? Básicamente fondos bibliográficos y documentales anteriores al año 1880 y que estén libres de derechos y en buen estado de conservación. ¿Y qué no se puede fotografiar? Manuscritos, hojas sueltas o sin encuadernar, desplegables o documentos que no se encuentren en buenas condiciones y puedan resultar dañados

Y, en cualquiera de los casos, el uso de las imágenes que se tomen debe ser un uso responsable. Solo se podrán utilizar con fines relacionados con la investigación y el estudio y es obligatorio respetar escrupulosamente la legislación en materia de derechos de autor y propiedad intelectual. Los fines comerciales, por tanto, quedan completamente descartados.

Muchas limitaciones (razonables, por supuesto) para un servicio de autocopia que facilitará mucho las cosas a estudiosos e investigadores, que podrán ganar tiempo para sus trabajos

El Triángulo del Arte en Valencia, una visita imprescindible

Quienes viven en Madrid, o pasan habitualmente por una de sus grandes arterias como es el paseo del Prado, están acostumbrados a ver largas colas frente a una de las mejores pinacotecas del mundo: el Museo del Prado. La gran mayoría de los turistas que llegan a la capital de España lo hacen atraídos por el denominado Triángulo del Arte. Un espacio dentro de la gran ciudad que alberga lo mejor del arte y la cultura de toda la historia moderna, grandes tesoros artísticos dignos de admirar.

Pero lamentablemente, este espacio parece ser un punto de referencia solo para el turismo. Lo tienen a un paso, pero son muchos los madrileños que jamás han entrado a los maravillosos vértices de este triángulo. Razones hay de sobra para hacerlo, pero parece necesario recordarlas.

Comenzando por el Museo del Prado, uno de los más importantes del mundo. Su colección de pintura europea de los siglos XVI al XIX no tiene comparación. Todo ello sin olvidar la amplia presencia de obras de grandes de la pintura como Velázquez, Goya, El Greco, Rubens o Rafael, por citar solo algunos. Por supuesto, no hay que olvidar sus magníficas exposiciones temporales.

Vamos ahora al Museo Thyssen-Bornemisza, complemento perfecto, con colecciones que van desde el Renacimiento hasta las últimas vanguardias de después de la Segunda Guerra Mundial. Museo que también organiza fantásticas exposiciones temporales

Cierra el Triángulo el Centro de Arte Reina Sofía, centrado en el arte del siglo XX y contemporáneo. En su colección permanente destacan obras de grandes artistas españoles del siglo XX como Picasso, Dalí o Joan Miró.

Y, por si fuera poco, apenas hay que desplazarse unos centenares de metros para disfrutar de otros tesoros como el Museo Arqueológico, la Biblioteca Nacional, el Museo Naval, la Casa de América o Caixa Forum. ¿Se necesitan más razones para visitar el magnífico Triángulo del Arte? Apreciemos lo que tenemos tan cerca.